Hasta que se quedó congelada a medio bocado, con el tenedor en la mano.
—¿Ves esto? —susurró, empujando su plato hacia mí.
A primera vista, los pequeños puntitos negros sobre la lechuga parecían semillas de chía. “Será algún aderezo moderno”, pensamos. Pero entonces… se movieron. 😳

Sí. Se movieron.
Nos acercamos más —el corazón latiendo fuerte. Esos puntos no eran semillas. Estaban vivos. Esferas diminutas, translúcidas, con puntitos oscuros dentro… como huevos de insecto. En movimiento.
El pánico se apoderó de nosotros. Ella soltó el tenedor. Yo llamé al camarero, aguantando las náuseas 🤢
Él trató de restarle importancia: “Será un error de cocina”, “Tal vez no se lavaron bien las verduras.” Pero nosotros ya estábamos llamando a urgencias 🚑

No sabíamos qué había puesto esos huevos ni si ya habíamos comido alguno. Mi amiga empezó a temblar, pálida y mareada.
En el hospital nos hicieron análisis, nos recetaron medicamentos “por si acaso” y nos recomendaron vigilar los síntomas. No fue nada grave —gracias a Dios—, pero emocionalmente… quedamos destruidos 💔

Después presentamos una queja formal. El restaurante culpó al proveedor. Pero hay cosas que no se pueden deshacer. ¿La confianza? Perdida para siempre 😔
Ahora, cada vez que veo semillas de chía… ese recuerdo vuelve. La música suave. Las luces tenues. Y un plato lleno de horror 😣🥄
📌 Ten cuidado con lo que comes — a veces lo más saludable esconde lo impensable. 🐞🥗