Todo el pueblo quedó en shock cuando uno de los hombres del lugar regresó a la casa de sus padres con una mujer que se parecía así, pero pronto se reveló algo terrible sobre la nueva mujer.

Cuando Daniel Petrov regresó a su tranquilo pueblo de montaña después de cinco largos años en la ciudad, todos salieron a verlo. La vida allí transcurría lentamente: un nuevo tractor, una boda o incluso un simple rumor podían ser tema de conversación durante semanas. Pero lo que Daniel trajo aquella tarde de otoño dejó a todos sin palabras. 🏡

Llegó en un viejo camión, con el rostro envejecido y los ojos más oscuros de lo que la gente recordaba. A su lado estaba una mujer con la cabeza completamente envuelta en vendajes blancos. Solo se veían sus ojos: profundos, oscuros y casi inmóviles. Los aldeanos se quedaron paralizados. Los niños se aferraron a sus madres, y los susurros se propagaron al instante. “¿Quién es ella?”, murmuraban. “¿Y por qué está cubierta así?” 😨

Sus padres, Nikolai y Marina, estaban llenos de alegría al ver a su único hijo regresar. Corrieron fuera de la casa con lágrimas de felicidad. Pero cuando la mujer bajó del camión, la sonrisa de Marina desapareció. Su corazón dio un vuelco. “Daniel… ¿qué le ha pasado?”, preguntó con voz temblorosa. Él solo negó con la cabeza y dijo: “Por favor, mamá, no preguntes. Acéptala. Es mi esposa.”

Desde ese día, la pequeña casa de madera al borde del bosque se volvió extrañamente silenciosa. La mujer —su nombre era Irina— casi no hablaba. Pasaba la mayor parte del tiempo dentro de la casa y, cuando salía, llevaba un velo bajo el pañuelo. Los vecinos la llamaban “la novia fantasma”. Algunos decían que era una fugitiva. Otros, que no tenía rostro. 👀

Por las noches, Marina la oía llorar detrás de las puertas cerradas. El sonido era débil pero insoportable, como una herida que nunca cicatrizaba. Luego, la voz baja de Daniel la consolaba con palabras que nadie más podía entender.

Las semanas pasaron, y la curiosidad se transformó en miedo. Los niños juraban haber visto a Irina caminando cerca del bosque después de la medianoche, con los vendajes brillando débilmente bajo la luz de la luna. Uno incluso dijo haber visto su reflejo en el río, pero que algo en él estaba mal: los ojos vacíos, la boca inmóvil mientras hablaba. 🌕

Una noche, incapaz de soportar más el misterio, Marina despertó a su marido. “Nikolai,” susurró, “debemos saber quién es realmente. Nuestro hijo ha cambiado desde que ella llegó.” Él dudó, pero finalmente aceptó. Cuando el reloj marcó las once —la hora en que Daniel e Irina siempre se encerraban en su habitación— caminaron por el pasillo y miraron a través de una pequeña rendija de la puerta.

Dentro, Irina estaba sentada frente a un espejo. Sus manos temblorosas comenzaban a quitarse los vendajes. Poco a poco, apareció su piel pálida… o lo que quedaba de ella. Su rostro estaba cubierto de cicatrices y quemaduras, la piel irregular como cera derretida. Pero entonces ocurrió algo extraño: al retirar la última capa, su reflejo no siguió sus movimientos. La mujer del espejo sonreía. Irina, no. 😳

Marina contuvo el aliento. El reflejo giró lentamente la cabeza hacia ellos, como si pudiera verlos a través del cristal. La lámpara parpadeó, y durante un instante, Irina y su reflejo se miraron con terror. Daniel despertó con el grito de su madre y corrió hacia la puerta.

Entendió todo de un vistazo: los vendajes en el suelo, sus padres aterrados, e Irina temblando frente al espejo. “No debieron entrar,” dijo en voz baja. “Ahora está despierto otra vez.”

Marina no comprendía. “¿Qué está despierto?”, preguntó.

Daniel miró a su esposa, que murmuraba algo —un nombre, una y otra vez. La luz del espejo volvió a parpadear, y por un momento apareció otra figura detrás del reflejo de Irina: una sombra con su mismo rostro, pero con una sonrisa cruel.

Tomó la mano de su madre. “Hace cinco años,” comenzó, “hubo un incendio en el viejo hospital donde trabajaba. Ella me salvó —me sacó del fuego cuando el techo se derrumbaba. Pero algo le pasó en ese incendio. Ella… no salió sola.” 😢

Irina se volvió hacia ellos, con lágrimas brillando en los ojos. “Me sigue,” susurró. “Cada noche. El reflejo. No se irá hasta que encuentre un nuevo rostro que tomar.”

El espejo comenzó a vibrar, y finas grietas se extendieron como venas de hielo. La sombra en su interior presionó contra el cristal, intentando atravesarlo. Marina gritó. Daniel agarró el espejo y lo lanzó al suelo. Se hizo añicos en mil pedazos, cada uno reflejando una diminuta imagen en movimiento —un rostro quemado, sonriente. 💔

Luego, silencio.

A la mañana siguiente, los aldeanos encontraron la casa de los Petrov reducida a cenizas. Solo una habitación permanecía intacta: el ático. Allí, entre las ruinas, hallaron un único espejo cubierto de hollín. En su interior se distinguía débilmente el contorno de un rostro femenino.

Nunca más se volvió a ver a Daniel ni a Irina. Pero en las noches de niebla, dicen que puede oírse a una mujer llorando cerca de las ruinas —y a veces, si miras con atención tu propia ventana, podrías ver un reflejo de pie justo detrás de ti. 👁️‍🗨️✨

Hasta hoy, nadie se atreve a tocar el espejo que se guarda en el sótano de la iglesia —envuelto en tela, sellado, pero aún vibrando suavemente cada vez que alguien susurra el nombre Irina. 😶‍🌫️

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